Comunicado de la Confederación «T3RCER TIEMPO»

UN NUEVO MODELO RESIDENCIAL

Asistimos, con desolación y preocupación, al impacto terrible que la pandemia del Coronavirus está teniendo en las Residencias en general y en las de Navarra en particular, terminando con la vida de muchas y muchos de sus residentes y evidenciando el insostenible modelo de cuidados imperante en la mayoría de estos centros. Aún a sabiendas de que no contamos con todos los datos, hay suficientes personas fallecidas como para calificar como catastrófica esta situación.

 Es obvio que nuestras Residencias, como muchas otras realidades, no estaban preparadas para una epidemia como esta. Las medidas preventivas han sido insuficientes y tardías en su aplicación. Las directrices y protocolos, a juzgar por sus resultados, han tenido una efectividad, en muchos casos, más que dudosa. Esta epidemia no hace distinción alguna y afecta a todas las capas sociales y económicas de la sociedad en su conjunto pero, sobre todo, afecta a las personas de edad avanzada.

 Un político italiano describía la situación de las residencias de mayores con un símil tan crudo como real: “Los centros residenciales son como una pradera seca a la que se echa una cerilla encendida”. Personas mayores, con años de internamiento, con patologías diversas, agrupada en recintos en los que el contacto es inevitable. Si a esto le añadimos la falta de equipos de seguridad adecuados a una situación de emergencia, la conclusión no puede ser otra que la que día a día nos abruma.

 Unos Servicios Sociales que no han tenido nunca el reconocimiento político y social que merecen. Unos profesionales, cuidadoras en su mayoría, con ratios por debajo de lo necesario, con salarios precarios, sufriendo con impotencia y lógico miedo la extensión de la pandemia, muchas veces en su persona. Merecen nuestro reconocimiento por ese esfuerzo y dedicación, a la vez que demuestran la gran humanidad presente en este sector.

 Muchas de las plazas de residentes son financiadas con dinero público pero están administradas por gestión privada. Asistimos a una fiebre inversora en este sector, de fondos extranjeros sobre todo, que a día de hoy ya controlan el 23% del mercado de cuidados residenciales. Hay más que sospechas de que aquí es donde radica una de las causas del deterioro de la calidad de los servicios y, en este caso, como consecuencia directa, de la extensión de la pandemia. Hay que evaluar con objetividad en qué medida esto es cierto y poner en marcha medidas para salir al paso de esta cada día mayor presencia de inversores privados en el sector.

 Sin embargo la principal carencia de los centros residenciales tiene que ver sobre todo con la orientación general del modelo. Nuestras Residencias distan mucho de lo que debieran ser: deberían ser el “hogar” de los y las ciudadanos y ciudadanas que residen en ellas. De ahí que el problema principal, además de mejorar las condiciones de sus plantillas y revertir de una manera u otra la privatización, sea revisar completamente el modelo. Cuesta creer que esto puede ser posible en esos macro centros residenciales, con salas repletas de aburridos residentes dormitando frente a una pantalla de televisión a la que apenas le hacen caso.

 Somos conocedores de que en Navarra la Administración está comprometida en desarrollar un trabajo serio y concienzudo de cara a implantar progresivamente un modelo de atención centrado en la Persona. Cambios, muchas veces estructurales, como los que hoy se precisan no pueden ser labor de un día. Ojalá que esta situación excepcional no se lleve por delante objetivos tan urgentes como ambiciosos. Sería de desear que, pese a una situación tan dura, los ánimos y expectativas que empujan esos planes no se vean arrastrados por este vendaval.

 Hará falta empujar en varias direcciones, desde el reconocimiento de la importancia de unos Servicios Sociales con recursos económicos suficientes, pasando por poner al frente del timón social el bien común y no las prioridades del mercado, implicando a toda la sociedad y a sus organizaciones, particularmente aquellas que hoy queremos representar y defender al colectivo de mayores, y entre todas y todos buscar medidas y alternativas para mejorar esta situación tan crítica.

 Nuestro cariñoso recuerdo para todas aquellas personas que nos han dejado y nuestro reconocimiento agradecido a todo el colectivo de mujeres y hombres que hoy se esfuerzan por salvar nuestras vidas y que se han convertido en ese gran valor social que hoy da ánimos para superar esta pandemia de la que debiéramos y deseamos salir más prevenidos y solidarios.

    Confederación «T3RCER TIEMPO»

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